Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20:1-17)

1º MANDAMIENTO: UN ÚNICO DIOS.
2º MANDAMIENTO: NO TENDRÁS ÍDOLOS.
3º MANDAMIENTO: NO TOMAR EL NOMBRE DE DIOS EN VANO.
4º MANDAMIENTO: EL SÁBADO.
5º MANDAMIENTO: HONRAR A LOS PADRES.
6º MANDAMIENTO: RESPETA LA VIDA.
7º MANDAMIENTO: NO COMETERÁS ADULTERIO.
8º MANDAMIENTO: NO HURTARÁS.
9º MANDAMIENTO: NO DARÁS FALSO TESTIMONIO.
10º MANDAMIENTO: NO CODICIARÁS.

REFERENCIA MORAL

Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala. (Eclesiastés 12:14). ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20).

Mucha gente toma sus decisiones en función de sus sentimientos o de su opinión: «Me siento bien cuando hago eso», o «eso me hace sentir bien, me parece que es correcto». No se dan cuenta de que actuando así niegan la utilidad de una ley moral que los supera. Cuando un compromiso moral simplemente tiene como base el estímulo personal, se vuelve muy precario, pues los sentimientos cambian y a veces son contradictorios. Si ya no hay ninguna referencia moral, si lo que está bien para uno no lo está para otro, no hay justicia posible. Entonces se impone la ley del más fuerte, del más rico, del mejor defendido o de la mayoría.

La Biblia nos revela la existencia de leyes morales, así como existen las leyes físicas. Estas leyes trascienden las épocas y las culturas, porque Dios es el autor, y es a Él a quien debemos dar cuenta de la manera en que las hayamos respetado (Romanos 2:14-16).

La Palabra de Dios muestra a cada uno el camino de la rectitud y nos induce a andar por él. Nos revela aún más: Dios es “Justo y Salvador”. Si bien tiene que atestiguar que todos pecaron, también declara: “Mirad a mí, y sed salvos” (Isaías 45:21-22). Solamente la confianza en el Dios Salvador y el temor a ofenderle puede preservarnos de ceder ante el pecado y hacer que busquemos lo que es justo ante Él.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS: ¿BAJO LA LEY O BAJO LA GRACIA?

Por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Romanos 3:20).

El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo. (Gálatas 2:16).

Dios proponía al hombre, si obedecía los diez mandamientos de la ley, un mundo sin crímenes, sin guerras, sin terrorismo, sin robos, sin corrupción; un mundo en donde triunfase la paz, la justicia, el amor… ¡Un mundo ideal! Pero, ¿qué sucede? Cada uno vive para sí mismo sin renunciar a ningún placer, se rebela contra la autoridad, con todas las consecuencias que esto acarrea en el ámbito familiar, social y del mundo en general. ¿Por qué? Porque el hombre, incluso teniendo las mejores intenciones, no puede cumplir la ley de Dios. ¿Y por qué no puede? Por el pecado que nos separa de Dios. La ley revela las exigencias de Dios y condena las transgresiones de esas exigencias por parte de los hombres (Gálatas 3:10).

Pero Dios no nos dejó en esa situación desesperante, sino que dio una salida: refugiarnos, por fe, en Jesucristo como nuestro Salvador. Él llevó la maldición que tenía que ver con esta ley que condena al hombre. El que pertenece a Cristo tiene el privilegio de estar, no bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14); a partir de entonces puede cumplir libre y alegremente, por medio de la ayuda del Espíritu Santo, lo que la ley ordenaba (Romanos 8:2-4; Gálatas 2:19-20), e incluso, por amor, ir más allá. Esta ley no solamente está grabada en tablas de piedra o escrita en un libro, sino que está en el corazón del creyente (Hebreos 8:10).

Via. Contra la Apostasía.

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