La Biblia es la Sagrada Palabra de Dios y como tal merece nuestra reverencia, obediencia y sumisión. Aquellos que por Su Misericordia ahora somos hijos de Dios, la amamos y respetamos incondicionalmente porque es la Palabra de nuestro Dios.

El mandamiento divino que hemos recibido es que la escudriñemos, esto significa que debemos leerla con suma reverencia, por ser Palabra de Dios, y al mismo tiempo con mucha atención, escudriñando cada palabra dentro de su propio contexto. Es un acto de insolencia y profanación emplear la Palabra del Dios Santo, en una práctica esotérica que se puede comparar solamente al agorero que consulta el tarot, para saber “cómo le irá ante tal o cual situación”.

Otro tanto podría decir de aquellos que gustan las migajas de los mal llamados “Pancitos de vida”, que son versículos aislados que los han transformados en el “Horóscopo cristiano”. Las radioemisoras que se auto denominan “cristianas” son las que principalmente difundieron este mal. Motivan a sus auditores que llamen para que les lean “un pancito de vida” (un versículo). Y son muchos los que antes de tomar una decisión o emprender alguna actividad, llaman para saber “cómo les irá o qué les depara el futuro para ellos”.

Esta practica de los agoreros, que gustan abrir la Biblia al azar y leer “donde indica el dedo”, siempre me hace recordar el caso de aquella persona que tenía este método ocultista de consultar la Palabra de Dios. Un día como otros, abrió su Biblia y su dedo indicó Mt.27: 5 “Judas fue y se ahorcó”. Como no le gustó, intentó por segunda vez, ahora leyó Lc.10: 37 “vé, y haz tú lo mismo”. Dijo como muchos supersticiosos, la tercera es la vencida, pero ahora su dedo indicaba Jn.13: 27 “lo que vas a hacerlo, hazlo más pronto”. Fácil resulta imaginar la cara de sorpresa que pondría, ante este supuesto “mensaje de Dios”.

Estos personajes que gustan vaticinar, pronosticar y anunciar sus presagios con este método, argumentan: “Pero esto es lo que dice la Palabra de Dios”. Es verdad que podemos leer muchas cosas si las extraemos de su contexto, como fue el caso que recién mencioné, pero nadie en su sano juicio podrá afirmar que eso proviene de Dios. Satanás empleó el mismo método contra el Señor Jesucristo, le dijo: “Escrito está”, pero le citaba solamente parte de lo que estaba escrito, y el Señor lo reprendió con TODO lo que decía el pasaje.

Por esta razón el Señor nos manda “Escudriñar las Escrituras”, leerlas con suma atención y reverencia, JAMÁS que estemos leyendo versículos aislados como quien mira el tarot. Dios manifiesta Su voluntad de una forma coherente a través de una lectura inteligente, coordinada y correlativa de Su Palabra. Se ha dicho, y con mucho acierto, que “un texto sin su contexto, es un pretexto”.

Dn.9: 2 Describe como Daniel, cuando leyó atentamente en los escritos del profeta Jeremías, Dios lo bendijo con el conocimiento de grandes revelaciones. Por esta razón también dice en Apocalipsis 1: 3 “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas”.

No existe ninguna bendición para los ocultistas que consultan la Palabra de Dios de esta forma esotérica, al azar, donde indica el dedo. Tampoco para los irreverentes que suben al púlpito sin saber de qué van hablar y utilizan este mismo método de abrir la Biblia al azar, sin haber tenido previamente una lectura reverente de la Palabra de Dios, escudriñándola en oración en plena dependencia del Espíritu Santo, para poder entregar un alimento consistente y basado exclusivamente en las Sagradas Escrituras.

Por esta razón se ven forzados a leer ese pasaje y luego cerrar su Biblia, para hablar de cualquier cosa que su imaginación les lleve, menos de lo que han leído. Se pasean por las “experiencias” y vuelan hasta donde sus propias emociones e imaginación los transporta. Apelan a la excitación de su audiencia para que lo aprueben con sus gritos de “amén” y “Gloria a Dios” para crear de esta manera una efervescencia generalizada, para luego culpar al Espíritu Santo de esa orgía emocional que ellos han desarrollado en forma artifical, del mismo modo que lo hacen los showman en los espectáculos del mundo.

Necesitamos como Daniel, leer atentamente las Escrituras ANTES de predicar, no solamente para saber de qué vamos hablar, sino para llenar la despensa de nuestro corazón, para que desde allí el Espíritu Santo pueda sacar alimento sano y nutritivo, de lo contrario nos encontraremos con una despensa vacía y necesariamente deberemos recurrir a nuestra imaginación, y solamente podremos entregar alimento contaminado con pensamientos humanos.

El mandamiento del Señor fue muy claro: “Escudriñad las Escrituras” Y eso difiere absolutamente de esas prácticas cabalísticas que tanto gustan al desobediente y carnal que no está interesado en agradar al Señor. Podrán recibir un mensaje, pero no provendrá de Dios, como fue el caso del que siguió este método del azar y leyó los pasajes referente a Judas.

Via. Estudios Maranatha

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