La Biblia establece en forma muy evidente y que no admite contradicciones, que la iglesia no está bajo la ley, sino bajo la gracia. Rm.6: 14 “no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Y no existe ninguna duda, incluso para aquellos que han acuñado su frase favorita: “diezmos y primicias”, que las primicias (y el diezmo) pertenecen a la ley.

Los comerciantes de la fe, los que están haciendo mercadería de vosotros, como dice la Palabra del Señor, 2Pd. 2: 3 “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas”. Éstos son los que manipulan la fe de aquellos que han descuidado el estudio de la Biblia, para obtener ganancias ilícitas que ofenden al Señor y desprestigian el evangelio.

Es irrebatible que las primicias corresponde a la ley. Es una de las siete fiestas solemnes que Dios ordenó al pueblo de Israel celebrar una vez al año. Esto lo encontramos en la ley de Moisés en Lv. 23: 9-14.

Dios mandó a Israel dividir su calendario anual, en siete fiestas solemnes. Y en este punto también, el creyente pensante se pregunta: ¿por qué si esa fiesta debía celebrarse una vez al año, hoy la piden todos los meses? (“diezmos y primicias”).

Pero aún para el lector más superficial le resultará una incoherencia, y más aún, una irreverencia el comercio en que han transformado esa fiesta solemne en el día de hoy.

Porque si leemos, aunque sea una sola vez el capítulo 23 de Levíticos, tendremos que admitir que todo lo que se realiza en el día de hoy en muchas iglesias, no es nada más que una burda parodia, que ni tan siquiera se asemeja a la ordenanza divina que el Señor estableció para que el pueblo de Israel la realizara una vez al año. Y la han transformado además en un simple medio de ingresos.

Lv. 23: 2 “Habla a los hijos de Israel”. Nosotros en la iglesia somos hijos de Dios, no de Israel, 1Jn.3: 2 “ahora somos hijos de Dios”. Y como no estamos bajo la ley, tampoco nos circuncidamos ni guardamos el día Sábado, como ninguna de esas fiestas solemnes que ordena la ley.

Lo inmoral de todo esto queda de manifiesto de una forma muy evidente, al ver que omiten sin ningún prejuicio el resto de las otras siete fiestas solemnes para incluirlas en la iglesia, porque ninguna de ellas les producirían algún beneficio económico. La Pascua, Los panes sin levadura, La fiesta de Pentecostés, Las Trompetas, El día de Expiación y la fiesta de los Tabernáculos.

Esto deja claro cual es su verdadero propósito para manipular la fe de los más débiles, para hablar sin ningún temor de Dios, de los “diezmos y primicias” todos los meses del año, para la iglesia, que no está bajo la ley, sino bajo la gracia.

Via. Estudios Maranatha

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