DISCRIMINACIÓN EXCLUYENTE O ACEPCIÓN DE PERSONAS

“Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy del ministro Fulano; y el otro: Yo soy del ministro Sutano, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Fulano, y qué es Sutano? Sirvientes, por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Fulano regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
Así que NI EL QUE PLANTA ES ALGO, NI EL QUE RIEGA, SINO DIOS, que da el crecimiento”. (1 Corintios 3 : 4-7 Paráfrasis)

En cierta ocasión, en un encuentro de iglesias locales de mi ciudad, había una gran mesa en el centro del amplio recinto de un templo, donde se sentaron a comer unas tres docenas de pastores, mientras a sus espaldas permanecían firmes y de pie, unos hermanos uniformados con saco y corbata de color subido, como guardianes o meseros, atentos al menor movimiento o solicitud de esos pastores servidos por sus selectas ovejas (Ezequiel 34 : 2, Judas 12).

Pero, lo grave era que detrás de las ventanas, mirando ese selecto festín pastoral, permanecía una masa de excluidos y anónimos hermanos, quienes forcejeaban para poder contemplar parte de esa fastuosa ceremonia, a través de algún resquicio de las ventanas. Este caso es un típico ejemplo de pastores apacentados e idolatrados por sus ovejas en muchas iglesias de hoy.  Pero, estas ilustraciones no tienen como objeto mostrar anécdotas, chismes o casos particulares, sino mostrar un problema grave que se ha entronizado en toda la Iglesia, en muchas o la mayoría de las iglesias locales y concilios o denominaciones: la discriminación o separación entre un nuevo clero y el pueblo creyente. 
El antecedente a esta situación lo conocemos ampliamente por la situación y composición de la secta católica romana, la cual tiene una casta o clase superior, llamada el Clero, que son en la práctica los dueños y únicos representantes de esa religión. Pero, como sabemos, esa segregación no se inició desde el comienzo en esa institución religiosa, o más bien, la formación de la secta católica a partir del cristianismo, coincide con la formación de esa casta segregada que es su clero sacerdotal.  Hoy en día se ha pretendido segregar un nuevo clero “ministerial” dentro de la Iglesia cristiana evangélica o reformada. De nada sirve que repitamos los versículos que nos hablan que somos uno e iguales en Cristo Jesús.

“Pues TODOS sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque TODOS los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque TODOS VOSOTROS SOIS UNO EN CRISTO JESÚS”. (Gálatas 3 : 26-28)

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”
(Filipenses 2 : 3)

En las iglesias evangélicas se ha levantado el nuevo Clero, conformado por los pastores y miembros con algún cargo u oficio dentro de la iglesia, el cual a su vez se ha estratificado en dos subclases o estamentos: el “cuerpo pastoral o ministerial” y el “cuerpo de servidores”. Estos últimos, generalmente son segregados de las ovejas comunes o rasas, mediante la ostentación de un uniforme diferenciador.

Este grupo uniformado y resaltado, es considerado como la verdadera membresía de la iglesia local, quienes tienen acceso a los informes de manejo y pueden participar de las decisiones de la congregación. Los demás hermanos creyentes, aún siendo mayoría, solo son considerados visitantes espectadores, o como dijera un pastor: “personal de relleno”, muchos de ellos durante años de permanencia, aunque sin ningún escrúpulo se les constriñe a contribuir con sus diezmos y ofrendas en la congregación donde son excluidos. El mínimo de honestidad y de respeto indica que solo se debería aceptar el dinero a los miembros que forman parte del clero propietario de la congregación.

Además, debería haber una información clara y accesible para todos los asistentes y visitantes, sobre quienes conforman la clase superior propietaria o clero, cuál es el organigrama de oficios y cargos de los miembros de ese clan, y también un informe visible sobre el uso de los diezmos y ofrendas (ingresos y egresos o balance), para información de esos contribuyentes no considerados miembros en igualdad de responsabilidad y derechos eclesiásticos injustamente, pero tan hijos de Dios como cualquiera. A fin de cuentas, la Iglesia no es propiedad privada de ningún líder ni de algún grupo especial, es propiedad de todos los creyentes, a cuantos el Señor llamare y añadiere.

“Porque así como EL CUERPO ES UNO, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y A TODOS se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. (1 Corintios 12 : 12-13)

“Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios”
(1 Corintios 12 : 20-22)

En la naciente Iglesia de Jerusalén, hubo un pecado de discriminación o acepción de personas, pues las viudas griegas eran menospreciadas delante de las viudas judías, lo cual a su vez produjo malestar y murmuración. La injusticia y la discriminación en una comunidad o congregación cristiana, no solo son abominables a Dios, quien retira el respaldo a la congregación, sino que engendran otros pecados, como la apatía, el resentimiento, la rebelión y hasta la división.

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos ERAN DESATENDIDAS en la distribución diaria”
(Hechos 6 : 1)

LA ACEPCIÓN DE PERSONAS o discriminación de un individuo o un grupo en contra o sobre otro grupo, ES UN PECADO condenado por Dios. En Noviembre 26/2006, escribimos un mensaje que decía en algunos apartes:

ACEPCIÓN DE PERSONAS

“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas….. pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores”
(Santiago 2 : 1-9)

—No confundamos el asunto, aséptico viene de asepsia, limpieza, limpieza espiritual en este caso. Mientras el acéptico es quien practica la acepción de personas, aceptación o no aceptación de estas—

…..Tal vez muchos de ustedes, amados hermanos, sufrieron en algún tiempo o están sufriendo todavía, una situación parecida. Pero, sabemos por la Palabra de Dios y por la experiencia, que el Señor Jesucristo, dueño y cabeza de la Iglesia, no nos ha olvidado, tarda a veces, pero llega siempre a su debido tiempo a nosotros, con su justicia y su retribución.

“Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis. Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja”
(Ezequiel 34 : 11.16.20)

Ese tipo de situación no es consecuencia, muchas veces, del discernimiento espiritual del líder, sino de sus preferencias afectivas, lo cual es llamado por la Palabra de Dios como “ACEPCIÓN DE PERSONAS”, el pecado de la discriminación, por favoritismo o por rechazo, cometido contra los hermanos que Dios añade a la iglesia.

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”
(Juan 6 : 37)

En aquellas iglesias, concilios o movimientos religiosos donde le dan cabida al pecado de acepción de personas, es fácil reconocer algunas de sus manifestaciones, como el nepotismo (acaparamiento de cargos y ministerios por los familiares del líder), las camarillas o “roscas” (grupos cerrados y excluyentes, de mutua exaltación), la designación de neófitos en cargos de autoridad, y el absolutismo (concentración de todos los ministerios, decisiones y actividades en el líder, por no delegar, aún en iglesias antiguas).

Por el contrario, el objeto o propósito de los ministerios cristianos, instituidos por el Señor en (Efesios 4 : 11), es para perfeccionar o preparar a los demás hermanos para la obra del ministerio (Efesios 4 : 12).

EL NUEVO CLERO: LOS NICOLAÍTAS

El levantamiento de una casta o clase social dentro de la Iglesia, conocida como el Clero, por encima y sometiendo al pueblo de hermanos creyentes, es lo que nuestro Señor llama “Los Nicolaítas” (Del griego: “Nikos”, gobernantes, y “Laos” –laicos-, pueblo) (Dominio de una jerarquía gobernante, excluyente y superior, sobre el pueblo de creyentes cristianos), tendencia y grupo que Jesucristo aborrece.

La palabra NICOLAITAS refiere a un grupo de personas que se consideraban a sí mismas superiores a los creyentes comunes, por su grado de autoridad. Indudablemente esto constituye la jerarquía establecida y perpetuada.

Estos clérigos o ministros diferenciados y excluyentes, comenzaron ser llamados “PADRES” y a exigir veneración de sus subordinados (Mateo 23 : 9). Pronto el clero intocable, dominante y excluyente fue conformado por los “padres” de diferentes congregaciones. Aún propiciaron una verdadera idolatría dentro de sus desviados seguidores, quienes dejaron de confiar en Jesucristo y su Palabra del Evangelio, para confiar ciegamente en sus “padres” caudillos. Cada padre con su feudo de hijos cautivos, como verdaderos dueños de la religión que pasó a llamarse “católica”.

Pero, hoy vemos el mismo movimiento de los Nicolaítas o Clero dentro de la Iglesia cristiana evangélica, quienes tendrán grande condenación anunciada por el mismo Señor Jesucristo.

“Y también tienes a los que retienen la doctrina de los NICOLAÍTAS, la que yo aborrezco. Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”
(Apocalipsis 2 : 15-16)

Amado hermano y consiervo: El mismo ángel le llama a usted y mí, sus consiervos (Apocalipsis 19 : 10), lo cual nos llena de gozo, al reconocernos nosotros, los hijos de Dios, como iguales de amados por nuestro Padre celestial, a quien le servimos como él quiso, por su gracia.

Via. Cristianosenaccionxxi

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