AL ACERCARSE la “Semana Santa”, personas de toda edad hablan de ello. Para algunos, estos ocho días de “Cuaresma,” que en los países centroamericanos cae en los meses de marzo y abril, son por mucho los días más sagrados del año. Por lo tanto infunden en muchas personas religiosas un sentimiento temporal de piedad. Sin embargo, para otras personas éste simplemente es un tiempo en el cual se participa de diversión que a menudo lleva a conducta relajada. Es digno de notarse que durante esta semana la moralidad disminuye, y el desafuero y el desorden son comunes. Muchos observan la costumbre religiosa de abstenerse de carne en este tiempo.

En consecuencia, en la mayoría de los hogares católicos es común durante la “Semana Santa” comer pescado salado, secado al sol. También, los adoradores empiezan a ahorrar dinero con meses de anticipación a la “Semana Santa” para comprar tela costosa, por lo general de púrpura y negro, con la cual confeccionan prendas de vestir largas, semejantes a las de los sacerdotes. Se ponen éstas durante las principales procesiones solemnes religiosas del “Jueves Santo” y el “Viernes Santo,” éste siendo el día más prominente de la “Semana Santa.” Los más jóvenes y menos devotos también ahorran, pero ellos piensan en particular en los días de vacaciones que generalmente se extienden desde el jueves hasta el “Domingo de Resurrección.”

La ceremonia del “Viernes Santo” comienza cuando se quita la imagen de Jesús de una cruz de la iglesia. El cuerpo de la imagen es ungido con un perfume muy caro y se coloca, con sus heridas a plena vista, en un cofre de vidrio. Ahora empieza la procesión. Millares de dolientes siguen la imagen, que se coloca cuidadosamente encima de una plataforma pesada de madera. Mientras más pesada es la plataforma, mejor se considera el sacrificio que hacen los que la llevan por las calles.

La procesión pasa todo el día recorriendo la ciudad, y los dolientes, vestidos de largas prendas de vestir negras, siguen detrás. Manzana tras manzana los portadores, que pueden ser hasta cincuenta, son reemplazados por nuevos portadores. Cada portador paga hasta cuatro dólares por tener el privilegio de llevar la imagen de Jesús por una manzana. En cada parada que hace la procesión, y hace varias paradas en una manzana, la gente enciende triquitraques, combinando su lamento con sonidos de júbilo.

Interesantes, también, son los diseños de aserrín de colores por los cuales también se hacen fuertes desembolsos. Poblaciones como Antigua en Guatemala y Sonsonate en El Salvador son famosas por sus enormes, pintorescas y bellamente diseñadas “alfombras” de aserrín. Mientras más grandes y más caras son éstas, más estimada es la familia enfrente de cuya casa se hace la “alfombra.” Cuando pasa la procesión, los que marchan pisan la “alfombra” hasta destruirla completamente. Evidentemente la gente obtiene satisfacción al colocar un despliegue de aserrín tan impresionante, que atrae la atención a ella misma y a su casa.

Sin embargo, deben considerarse estas preguntas: ¿Es la “Semana Santa” una observancia religiosa apropiada para los cristianos? ¿Se basan la celebración y su ritual en la Palabra de Dios, la Biblia? ¿Qué dice la Biblia con relación a la fiesta de la “Semana Santa”? Sería prudente determinar las respuestas.

En primer lugar, uno se hace preguntas en cuanto al desafuero, la inmoralidad y el desorden que ve relacionados con la “Semana Santa.” ¿Estaría desfigurada una celebración verdaderamente cristiana por falta de respeto tan grande a las enseñanzas de Jesucristo y la Santa Biblia? Realmente, tal fruto no es compatible con algo cristiano, algo que es verdaderamente excelente y digno de alabanza.—2 Cor. 6:14; Sant. 3:11, 12.

Por lo tanto, como pudiera esperarse, en ninguna parte de la Biblia encontramos instrucciones acerca de guardar tal fiesta de “Semana Santa.” De hecho, las costumbres y los procedimientos que se siguen durante la celebración realmente están en pugna con las enseñanzas de la Biblia; por ejemplo, la costumbre de abstenerse de carne durante la “Semana Santa.” La Biblia indica que una abstinencia como ésa por razones religiosas sería un rasgo de apostasía, diciendo: “Algunos apostatarán de la fe . . . por la hipocresía de embaucadores . . . éstos prohíben . . . el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los fieles que han conocido la verdad.”—1 Tim. 4:1-3, traducción católica romana, Biblia de Jerusalén.

Jesucristo dijo que a Dios se le adora apropiadamente “en espíritu y verdad.” (Juan 4:24, Torres Amat) ¿Pueden armonizarse estas palabras de Jesús con la práctica de la “Semana Santa” de celebrar una procesión religiosa que da prominencia especial a una imagen de Jesús? Al contrario, la honra y el homenaje dados a una imagen material, física, claramente violan el principio bíblico: “Por fe caminamos, no por vista.”—2 Cor. 5:7, Bover-Cantera.

Sin embargo, quizás algunos observadores de la “Semana Santa” sostengan que no es la imagen la que recibe la honra, sino aquel a quien la imagen representa, Jesucristo. No obstante, los mandamientos francos de Dios prohíben hasta tal adoración relativa de imágenes. Él dice: “No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra . . . No las adorarás.” “No os fabricaréis ídolos, ni estatuas, ni erigiréis columnas o aras, ni pondréis en vuestra tierra piedra señalada, con el fin de adorarla.” “Hijitos míos, guardaos de los ídolos.”—Éxo. 20:4, 5; Lev. 26:1; 1 Juan 5:21, TA.

Considere la falta de sabiduría al honrar una cosa impotente hecha de madera, piedra o piedras preciosas. No tiene vida, simplemente es obra humana. No puede razonar como persona. No puede hablar, tal como una muñeca no puede conversar con una niña. No puede oír las peticiones de uno, ni ver los peligros inminentes y luego gritar para advertir. Con razón, entonces, la Palabra de Dios muestra la tontería de honrar una imagen como se hace durante la “Semana Santa.”—Isa. 44:9-20; 46:5-7; Sal. 134:15-18, TA.

Solo hay una celebración que la Biblia manda a los cristianos que observen, y ésa es el Memorial de la propia muerte de Jesús. Note cómo se instituyó esta celebración y se hizo requisito para los cristianos. La Biblia explica: “Al fin cuando llegó la hora, [Jesús] se reclinó a la mesa, y los apóstoles con él. Y, aceptando una copa, dio gracias y dijo: ‘Tomen ésta y pásenla del uno al otro entre ustedes . . . ’ También, tomó un pan, dio gracias, lo partió, y se lo dio a ellos, diciendo: ‘Esto significa mi cuerpo que ha de ser dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí.’”—Luc. 22:14, 17-19.

Los cristianos verdaderos deben guardar esta celebración anual; no una fiesta de “Semana Santa” con sus costumbres y rituales no bíblicos. Para los cristianos, este memorial de la muerte de Jesús es algo que ayuda a unirlos en la adoración verdadera y que ayuda a reconocer apropiadamente el que Jehová Dios misericordiosamente proveyera a Cristo como rescatador de la humanidad.

Via. Esegura.

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