Un factor que contribuye a la decadencia de la iglesia contemporánea es la preocupación con la imagen y la influencia. La idea equivocada de ganar las personas para Cristo pero ganando primero el favor del mundo es la peor filosofía. Sugerir que los cristianos deberían intentar hacer que los pecadores no convertidos se sientan cómodos con el mensaje cristiano es fatal. El punto según es, hacer de la iglesia un lugar que no sea amenazador, donde los incrédulos se sientan que pertenecen naturalmente, no atormentar a los que no son cristianos, en vez de confrontar su incredulidad; hacerse amigos del mundo en vez de mantenerse separados  de  él.

Todo esto suena muy lindo, cálido y amigable para esta generación post-moderna, pero no es la estrategia para el evangelismo que se nos ha dado en la Escritura. De hecho, es completamente incompatible con la sana doctrina. Es una forma de compromiso con el mundo. Santiago lo llamó adulterio espiritual (Santiago 4: 4).

EFECTOS DE ESTA FALSA ESTRATEGIA

Existen varios efectos de este tipo de acercamiento evangelístico y doctrinal, por ejemplo, la predicación ha sido remplazada por el entretenimiento; la verdad se ha desplazado por el escepticismo. Se hace atractivo cortejar con el mundo, aunque la Palabra de Dios afirme:“no os extrañéis si el mundo os aborrece” (I Juan 3: 13), Y no dijo Jesús: “el mundo… a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Juan 7: 7). El apóstol Pablo francamente no hubiera tenido paciencia para esas tácticas. Él nunca buscó ganar el mundo a través de la aceptación intelectual, popularidad personal, imagen, status social, reputación o cosas por el estilo. Él escribió: “hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (I Corintios 4: 13). Charles Spurgeon dijo: “Queremos otra vez a Luteros, Calvinos, Buyans, Whitefields, hombres correctos para marcar eras, cuyos nombres siembran terror en los oídos de nuestros enemigos. Tenemos una desesperada necesidad de ellos. ¿De dónde vendrán a nosotros? Ellos son los regalos de Jesucristo a la iglesia, y vendrán a su debido tiempo. Él tiene el poder para darnos nuevamente un año dorado de predicadores, un tiempo tan fértil y divino y ministerios poderosos como fue el tiempo puritano, y cuando la buena verdad antigua es predicada una vez más por hombres cuyos labios son tocados como un carbón vivo del altar, este debe ser el instrumento en la mano del Espíritu para traer un gran y profundo avivamiento religioso en la tierra. Yo no busco otros medios de convertir a los hombres más allá de la simple prédica del evangelio y los oídos abiertos de los hombres para escucharlo. El momento que la iglesia de Dios desprecie el púlpito, Dios la va a despreciar a ella”. El momento en que cualquier iglesia sale para hacer amistad con el mundo, la iglesia se pone a sí misma en enemistad con Dios (Santiago 4: 4).

La gente está siendo mal conducida por el ejemplo de algunos de los líderes de la iglesia. Ellos están comprando la desilusión de que la fidelidad a la Palabra de Dios es opcional. Además, como la predicación bíblica continúa disminuyendo, la ignorancia de la Escritura crece. Eso exacerba cada problema que proviene de la declinación del discernimiento, y el ciclo de desastres continúa.

Los cristianos deben aprender que no podemos evitar ser una ofensa al mundo y aún permanecer fieles al evangelio. El evangelio es inherentemente ofensivo. Cristo mismo es ofensivo a los incrédulos. Él es una ofensa para todo lo que está en error. Es una ofensa para todos los que rechazan la verdad. Él es una “Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (I Pedro 2: 8). El auténtico cristianismo siempre ha reconocido que la verdad no se puede cambiar. La palabra de Dios está establecida para siempre en los cielos (Salmos 119: 89). Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13: 8). Dios mismo no cambia (Malaquías 3: 6). La verdad no es transitoria, flexible o adaptable. Cuando la iglesia pierde su compromiso con la inflexibilidad de la verdad, pierde su voluntad para discernir. Echa a perder la teología precisa, la moral precisa y la conducta precisa. El pensamiento correcto y la vida correcta demandan una disciplina cuidadosa y un compromiso inflexible con la verdad. El discernimiento no sobrevive en una atmósfera de confusión doctrinal. No sobrevivirá donde se tolere el relativismo. Y no puede sobrevivir si nos comprometemos con el mundo.

Via. Contra la Apostasia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: