Hermano, haz un pacto con el Señor. Tu deuda económica será pagada por Jesús, porque Él murió por ti, por mí y por todos nosotros y en la cruz del Calvario pagó por todas nuestras deudas. ¡Sí! Incluso por esa deuda económica que tienes, porque somos reyes y sacerdotes y Él no quiere que seas pobre. ¿Cómo un hijo del Rey va a ser pobre?”

¡LA FALACIA DE ESTE RAZONAMIENTO!

Predicaciones como éstas se escuchan a diario en canales de televisión o en emisoras de radio cristianas. Se han convertido en una costumbre, pero no toda la comunidad evangélica mundial está de acuerdo. La más conocida “doctrina de la prosperidad económica” está escalando abruptamente y detractores como partidarios tienen sus argumentos para rechazar o aceptarla abiertamente. 

Los seguidores

Sin duda que este tema divide a los evangélicos, pues mayoritariamente el sector neopentecostal es el que apoya la teología de la prosperidad económica, y es necesario tener en cuenta que en América Latina son quienes congregan a más de un 70 por ciento de los fieles protestantes en la región. Los sectores ligados a las iglesias históricas -luterana, presbiteriana y anglicanos- más las de corte misionero -como la bautista y la Alianza Cristiana y Misionera- son más reticentes al evangelio de la prosperidad económica. Si es necesario remontarse a los orígenes de la doctrina de la prosperidad económica moderna, a finales de la década de los cincuenta se consolidó en los Estados Unidos un movimiento de carácter internacional conocido como Movimiento de la Prosperidad o también como Movimiento de la Fe, Palabra de Fe, Confiésalo y Recíbelo o Evangelio de Riquezas y Éxito.  Al referirnos a sus máximos exponentes, tenemos que remitirnos a Oral Roberts, fundador de la Universidad que lleva su nombre, y su hijo Richard, quien actualmente es el presidente del plantel superior. Kenneth Hagin, director del seminario Rhema; Kenneth y Gloria Copeland, Marilyn Hickey y Frederick Price; estos tienen millonarios ministerios como maestros de la fe. Robert Tilton, pastor del Centro Familiar Palabra de Fe en Dallas Texas; Benny Hinn pastor del Centro Cristiano de Orlando, Florida; famoso por sus libros La Unción y Buenos Días Espíritu Santo. 

“Roberts elaboró el concepto de que el dar es como sembrar una semilla, que después al cosecharla, producirá una abundante prosperidad material. Como la semilla sembrada en el terreno fértil se multiplica en la siega, así se multiplican las ofrendas de los creyentes que dan generosamente”, según relata el reverendo Juan Vidal Sandoval. 

También se encuentran dentro de este grupo, pero no tan reconocidos como los anteriores, Morris Cerrullo, John Osteen, Charles Capps, Jerry Savelle,Jim Baker, Mike Murdock y John Avancini. Fuera de Estados Unidos destaca el Dr. Paul Yonggi Cho, quien “por indicación divina” cambió su nombre a David, quien tiene a cargo una congregación de más de 800 mil personas en Corea del Sur. En África, Benson Idahosa de Nigeria es el máximo exponente de la prosperidad económica y, según datos entregados por él, posee más de seis millones de miembros. 

Para el pastor José A. Holowaty, en su estudio “Movimiento de fe: ¿Ocultismo moderno?”, señala que “el principal error del movimiento de fe, es que exalta al hombre y rebaja a Dios. Eleva al hombre al nivel de Dios y reduce a Dios a la condición de hombre. Ellos reconocen que sus enseñanzas no son ortodoxas y que además son controvertidas, sólo para decir lo mínimo, sin embargo no tienen deseo de cambiar y se rehúsan a ser cuestionados”. 

Por su parte el pastor luterano Wehrli, señala: “Quisiera creer en el mensaje de la prosperidad, pero el evangelio me dice otra cosa. Cristo jamás apuntó a la prosperidad de los apóstoles, no tenían ni siquiera dónde reclinar la cabeza, vivían de la caridad de la gente que seguía al Señor. Muchas veces tuvieron que recurrir a los milagros extraordinarios para alimentar a la muchedumbre. Cristo nunca tuvo un Rolls Royce ni un Mercedenz-Benz para movilizarse”. 

El pastor Wehrli dice: “Quien diga que hay que hacer pactos con Dios niega la eficacia del pacto hecho a través de su hijo en la cruz, donde Cristo con su sangre pagó el precio del pacto que Dios hizo con nosotros para nuestra salvación entregando al cordero de Dios que quita el pecado del mundo cuyo precio fue la muerte y la sangre de Cristo”.

Via. Apologista.

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