La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro Mi palabra para ponerla por obra.” (Jeremías 1: 11, 12)
Antes de nada, permítanme aclarar que un servidor jamás estará en desacuerdo con toda prosperidad que provenga de Dios o que Dios apruebe, como no podría ser de otro modo. Estaré hablando en este escrito de la errada y pecaminosa búsqueda de toda prosperidad que llega a ser ilícita a los ojos de Dios, y que no es más que materialismo.Como dice F.V. Davold; “Este espíritu materialista: nuestro deseo de cosas en preferencia a la voluntad de Dios”.
Más que nunca antes en la historia de la Iglesia, levantando bien en alto el blasón de la “bendición” de Dios, a través de innumerables publicaciones, congresos y demás operaciones de púlpito mayor y menor, el corazón del creyente es empujado hacia la prosperidad materialista, a la cual yo rebautizo con el apelativo de “materialismo cristiano” (cristiano,en cursiva). Muchos no se aperciben de esa infernal realidad, pero siguiendo el seductor y acaramelado dulce son de los nuevos pseudo-celestiales flautistas de Hamelín, decrecen el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, convirtiéndolo en una aspiración personalista y ajena a la verdad y finalidad del mismo.Para los celestiales flautistas, el glorioso Evangelio queda reducido a simple mercadería, al próspero negocio de las crédulas, pánfilas, y sin sabiduría dadivosas masas (2 Pr. 2: 1-3).
En cuanto a aquellos primeros, están los que ya disfrutan de una incierta prosperidad, a la cual bajo ningún concepto van renunciar sino todo lo contrario, ya que viven atados a ella.Por otro lado, están los que todavía anhelan desesperadamente esa “bendición” que jamás logran alcanzar, aunque la pretenden a través de “pactar” y “re-que-te-pactar” una y otra vez con el dios de los maestros del “materialismo cristiano”, los cuales materialmente les succionan una y otra vez.Luego están otros, que tienen presuntamente responsabilidad ministerial, pero que no la ejercen como es debido, porque no advierten consecuentemente a los santos acerca de todas esas deleznables actuaciones y mentiras de los muy afamados maestros del “materialismo cristiano”.No los rebaten en modo alguno, porque no se atreven por pusilanimidad – es decir – por diferentes miedos y temores, o por falta de convicción, cobardía, o quizás porque en su fuero interno les gustaría ser como uno de ellos.
Temen más a los hombres que a Dios, cuando el Señor le advirtió al mismo profeta Jeremías que le obedeciera en todo lo que le iba a mandar decir a Su pueblo, y lejos de temer a la gente, le temiera a Él, si pensaba no hacerlo:
“Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.” (Jeremías 1: 17)
Escribe el Pastor David Wilkerson al respecto:
“En mi opinión, existen muchos mercenarios en el púlpito hoy en día, pastores cobardes que están contentos con darle a los cristianos fríos lo que ellos piden. Predican mensajes cortos, optimistas, positivos, que no representan amenaza alguna, con poco o ningún contenido bíblico o evangélico. Para la gente no es otra cosa que una experiencia que los hace sentir bien, ¡y que los está conduciendo a la destrucción!” (1)¡Hermanos! Son como manadas de lobos hambrientos que raudos se aproximan al campo abierto donde están las ovejas, pero el pastor, en vez de protegerlas llevándolas al seguro redil, las entretiene y las mantiene distantes unas de otras en grupitos separados – que sería aquí, la famosa “visión celular” del G12 – o los famosos y católicos Encuentros, o cualquier otra distracción no exenta de peligro en sí misma, y hace que miren al suelo, invitándolas a soñar y a visualizarlos mejores pastos terrenales, en vez de hacer que eleven sus cabezas, observen y aprendan lo que es de lo Alto, tal y como ordena la Escritura:“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3: 1-3)Para los destructores lobos, ávidos de sangre, será mucho más fácil capturar a las dispersas, ingenuas y engañadas ovejas, que además están demasiado entretenidas en el campo del desamparo, sólo preocupadas en alimentarse con el siguiente bocado de hierba que parecen visualizar sus enceguecidos ojos, llamando a todo ello, “avivamiento y victoria”.Vara de almendro: Dios apresura su Palabra
“La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro Mi palabra para ponerla por obra.” (Jeremías 1: 11, 12)
“Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.” (Jeremías 4: 4)
A pesar de que el Señor siempre fue bueno con Su pueblo (ver Jer. 1: 5-7), ellos tremendamente desagradecidos, le dieron interiormente la espalda, y andaban en sus propios y egoístas caminos. Dios trajo juicio a Judá y a Jerusalén, porque Su pueblo pretendía ser lo que no era. Se mostraba santo por fuera, pero el materialismo y otros pecados controlaban su vida.La cosa no ha cambiado demasiado. La misma “vara de almendro” que fue para entonces, Dios la trae ahora en relación a lo que genéricamente llamamos Iglesia de Cristo, porque nuestro Dios, en cuanto a los suyos,  “al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 6)El celo del Señor por la santidad – sin la cual nadie le verá (He. 12: 14b) – está muy encendido, pero la respuesta de Su pueblo por lo general, es contraria a ese sentir y demanda de Dios.Sinceramente, se que el Señor está mostrándonos Su vara de almendro, que significa justamente que está apresurando Su Palabra para ponerla por obra (Jer. 1: 11) y esa palabra que pondrá por obra es Su juicio: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4: 17)No es ese un juicio para destrucción, sino para purificación, pero no va a ser fácil, hermanos.No obstante, lejos de este pensamiento, hoy, los falsos profetas y apóstoles de turno, como en los días de Jeremías en cuanto a Judá, o como en los tiempos de Isaías en cuanto a Israel, en vez de dar la verdadera palabra que el pueblo de Dios debe oír, profetizan lo fácil y agradable, lo bueno, lo halagüeño, la conquista, la prosperidad, los sueños realizados, etc. etc. etc.
Todo lo que muchos desean oír, “porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras” (Is. 30: 9, 10);  por lo tanto, la misma palabra que fue para aquellos falsos profetas, lo es para estos de hoy en día:
“Negaron a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre; antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra; así se hará a ellos” (Jeremías 5: 12, 13)
“En hebreo vara de almendro es Shaked, y tiene un sonido similar a Apresurar – Shoked – de ahí el juego de palabras”¡Hermano, sea sabio en cuanto a los tiempos!Muchos no se aperciben realmente de los tiempos, y de este tiempo en concreto: “Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.” (Jer. 8: 7), y al sabio en su propia opinión, el Señor le pregunta y afirma: “¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (Jer. 8: 8). Estos que continuamente profetizan lo agradable y lo halagüeño al pueblo de Dios, adormeciéndolo, son los que han cambiado la Palabra del Señor en mentira.
Se está cumpliendo a cabalidad la profecía neotestamentaria: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Ti. 4: 3, 4)
Cualquier fábula, cualquier distracción, cualquier cuento, ¡cualquier cosa antes que atender a la Palabra de santidad del Señor!, y por supuesto, siempre hay hombres engañadores dispuestos a darles lo que piden.
2. El otro evangelio; el de la prosperidad materialista“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6: 24)Lejos de oír la voz de Dios; lejos de vivir vidas que busquen el agradar a Dios, muchos sólo atienden a la voz de sus apetitos, y sus corazones están ya cargados de glotonería, sólo atendiendo a los afanes de esta vida. Sólo piensan en lo material, en la oferta de este mundo, y a eso lo llaman “prosperidad”. Sólo se preocupan de cómo crecer y engrandecerse, de cómo verse ante los demás como “bendecidos”, y a eso también le llaman “avivamiento”.“Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.” (Fil. 3: 18, 19) No piden el pan nuestro de cada día (Mt. 6: 11), sino que eso se les ha quedado ya en muy poca cosa; ahora buscan el emular, y aún superar a los impíos, argumentando que si ellos tienen tanta abundancia, con más razón nosotros hemos de tener mucho más, ya que somos hijos del Rey…cuando el Rey ni siquiera tenía donde recostar su cabeza cuando anduvo entre nosotros (Lc. 9: 58). ¿Cómo podrán ser tenidos por dignos todos estos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre? (Lc. 21: 36) ¡No hay manera!
Presos en su propia ceguera, tienen como ídolos y ejemplos a seguir a todos los afamados maestros del “materialismocristiano”, porque son prósperos en lo material. Lamentablemente no se aperciben que estos son ricos gracias a las dádivas que ellos les dan de continuo. Y como dijo el Señor: “Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?”(Jeremías 5: 27-31) Tanto unos como los otros, viven en engaño. Sólo se preocupan en “prosperar”, vestir bien, ir a la última moda, poseer todo lo que un impío cualquiera desea y busca, presumiendo de estar en bendición, de tener el favor de Dios, dejando de lado a los necesitados que les rodean diciendo, que si esos son pobres, es porque todavía están en maldición y necesitan un “cambio de naturaleza” (2), y no se dan cuenta de que es a ellos a los que Dios acusa. ¡Pobres ilusos! ¿Cómo Dios no va a castigar esa soberbia en aquellos que dicen ser pueblo de Dios y obran de ese modo?Siguen las profecías y dichos de los falsos profetas y falsos pastores y apóstoles de la actualidad (Mt. 24: 24) que les dicen mentira, y ellos acomodados al engaño, se dejan seducir porque sus corazones ya están acostumbrados, andan torcidos y llenos de grasa. ¿Qué harán todos ellos cuando llegue el Señor a por los suyos? ¿Les recogerá el Señor, cuando ni siquiera viven esperando Su venida?
Vía. La apostasía final en la Iglesia.
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