Los tiempos actuales de la iglesia evangélica están revestidos de una cáscara de dulzura, liviandad y tibia palabrería. Nadie quiere ofender al otro, es como si no existiera el mandamiento a “redargüir” (2Timoteo 4,2). Todo debe ser liviano y las palabras lacerantes del Señor Jesús deben permanecer censuradas por ser consideradas como nocivas y atentatorias a la unidad y reconciliación. Palabras como arrepentimiento, infierno, pecado, condenación o hipocresía, han sido estrictamente prohibidas por el clero actual.

Aquellos que se arrogan ser los “ungidos”, personas intocables y autoproclamados como voceros de Dios, han elevado una decidida censura a la Palabra de Dios, mutilando el consejo de Dios, rebajándolo a un simple mensaje social y reconciliador.

Con esta premisa, los clásicos de púlpito están perdidos, no se oyen ni en las calles ni en los medios de comunicación, y solo se encuentra en pequeños grupúsculos y remanentes que más que buscar la aprobación de los hombres, procuran con o sin fuerzas agradar al Señor y guardar su palabra.

Con este pequeño estudio, se pretende analizar a la luz de las escrituras, los tiempos de tibia palabrería que abunda desde los púlpitos.

He aquí, algunas de las palabras que se han perdido y que nadie quiere hablar ni escuchar:

1.“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” Mateo 4:17

Estas son las primeras campanas del evangelio que sonaron en el ministerio del Señor Jesús. Una palabra imperativa, urgente y molestosa al oído humano. A nadie le agrada que le digan que se tiene que arrepentir.

La palabra “arrepentimiento” significa “Cambiar de manera de pensar”, es decir, dejar de concebir en la mente conforme a la voluntad y razonamiento humano y volverse hacia Dios aceptando sus designios, la santidad de su carácter y la profundidad de su enseñanza. A ningún hombre le gusta que le digan que debe arrepentirse y volverse a Dios. Eso viene a ser como el encendido de un enorme y brillante faro cuya luz penetra en medio de las tinieblas.

Hoy son muy pocos los predicadores que hablan de arrepentimiento en el marco de un carácter imperativo y de extrema urgencia. Hoy el evangelio es solo una voz dulce, melosa, sensual, conmovedora y agradable a los oídos de aquellos que no quieren saber nada de Dios.

La idea no es ofender a nadie y que nadie salga escandalizado de la reunión. ¡Que insulto al Señor! La voz del evangelio nunca ha sido apetecida por el hombre y nunca lo será a menos que el Cirujano Eterno intervenga el corazón de cada individuo para que pueda quedar apto, cual buena tierra, para recibir la preciosa semilla. En vano adornamos la dura Palabra de Dios para pretender neciamente conmover a los oyentes; es más, lo único que podemos lograr con esta técnica humana, es fabricar creyentes que a la más mínima prueba o desilusión cual sea, se vuelven atrás revelando que jamás había conocido al Salvador.

2.“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” Mateo 5:28

Los fariseos y religiosos de la época acostumbraban a dictar cátedras de moralidad y rectitud. Mostraban sus impecables atuendos, sus demudados rostros luego de largas jornadas de ayuno y devoción y todo acompañado del dulce sonido de sus voces y su parsimonia hipócrita.

Ellos apuntaban con el dedo a los pecadores, deseaban lapidar a la adultera y al borracho sin ninguna muestra de misericordia.

A estos, el Señor Jesús les enrostra la depravación de su propio corazón. Como el mismo Salvador lo enseñó, lo que contamina al hombre no es lo que entra a él, sino lo que sale (Mateo 15:11). Ellos hablaban del adulterio y se jactaban de su “santidad”, pero la palabra lacerante del Señor, les dice que el adultero no solo es el que tiene una relación con una mujer que no sea su esposa, sino que, un adultero es también aquel que mira a una mujer y la desea. Nadie se escapa de esta vara extendida por el Señor Jesucristo.

Hoy se escucha con mucha liviandad, palabras de hombres soberbios que con su copiosa corbata dominguera miran a los pecadores hacia abajo y olvidan sus propia condición. Son tan hipócritas que por un lado se transforman en “caza adulteras”, pero su corazón y sus ojos son una verdadera fábrica de adulterio. ¡Hipócritas!

3. “Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú ¿cuánto más a los de su casa?” Mateo 10:25

Al señor Jesús lo trataron de demonio. Parece que nadie habla de estas cosas, porque nadie esta dispuesto a ser maltratado, por el contrario, la idea es que todos nos digan que sí, que nos alaben y que nos reconozcan el trabajo.

El evangelio actual, solo parece ser una oferta y no una demanda. Nadie parece recordar que ser cristiano significa ser vituperado, marginado o catalogado de separatista, antisocial, fome, retrógrado y amargado. El apóstol Pablo les enseñaba a los Filipenses

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” Filipenses 1:29

Una de las situaciones mas frecuentes en los creyentes actuales, es aquella que revela el famélico estado espiritual producto de una deficiente formación doctrinal.

Las iglesias actuales mas que centros de entrenamiento para capacitar a los creyentes como aguerridos soldados, son verdaderos centros de entretenimientos y espectáculo; mucha música, baile, gritos y frenesí, de ahí la gran cantidad de participantes inconversos que ni siquiera de imaginan ser víctimas de vituperio por causa del evangelio. Al primer conflicto, se derriten como si fueran muñecos de cera

4. “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada… No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.” Mateo 10: 34-39

Toda la humanidad habla de la paz. Hay congresos que analizan los planes y los avances para preservar la paz, existen premios a aquellos que de alguna manera han o están aportando a la paz, sin embargo, parece ser una sensible paloma que al momento de alcanzarla, se escapa y se resbala de las manos. La paz es algo que todo ser humano anhela, pero que paradójicamente nadie esta capacitado para establecerla. La causa es, la enemistad que el hombre mantiene con Dios. La relación está rota por causa del pecado y el único que puede remediar esta situación, es el Señor Jesucristo.

Las últimas palabras, vienen a ser a los oídos del hombre incrédulo, como el detonante para hacer explotar una inmensa bomba que crea un cisma insoslayable entre creyentes e inconversos.

Solo basta con hablar de Cristo para comenzar a experimentar las palabras lacerantes del Señor Jesús “No penséis que he venido para traer paz…” Las palabras de la cruz son locura para los que se pierden, son una ofensa a la ilustrada mente del ser humano ufano y altivo que no quiere ni esta dispuesto a rendirse ante su creador.

Pero ¿quién habla de esto hoy? Hoy la tibieza de los lisonjeros predicadores actuales, solo elabora sermones diplomáticos tanto así que la idea es lograr la unidad de todos los credos, de los degenerados, de los estafadores empresarios, etc., etc. Es probable que alguien que lea estos descarnados párrafos, rasgue sus vestidos, se encolerice y comience a difamar este sitio con palabras sin fundamento y solo basadas en una ciega defensa de sus pastores corruptos y privados de la verdad.

Pero creemos que muchos han de llegar a la luz con esta lectura, descubriendo los clásicos de púlpito que han permanecido suprimidos y censurados por mucho tiempo por aquellos clérigos hipócritas y sinvergüenzas

5. “Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas” Lucas 6:26

La advertencia del Señor es tan diametralmente opuesta a la nuestra, que nunca nos deja de sorprendernos.

Todos quisiéramos ser reconocidos y estar en la boca de todos por nuestra capacidad altruista y ejemplar.

Así como las repetidas homilías de los cardenales y obispos al momento de arengar ante las exequias de algún extinto político o persona famosa. Todos son buenos, todos son ejemplares y ojala todos supieran imitar las pisadas del difunto, son los ingredientes de los discursos de despedidas protocolares de fallecidos personeros públicos.

En el ámbito evangélico la situación no es distinta. El clero que gobierna la cristiandad actual, lejos de toda humildad y privados de la verdad de las sagradas escrituras, aún con años de estudio, hace constantes esfuerzos por no quedar mal con nadie e infla su pecho cuando algún político oportunista le reconoce su labor y trayectoria. Pero ¿de que estamos hablando? Acaso ¿nos interesa de que todos los hombres hablen bien de nosotros? Jesús nos dice todo lo contrario por que el que da un fiel testimonio de Cristo, jamás ha de ser reconocido, es más será calumniado y criticado.

Nuestro bendito Cristo murió en la cruz del Gólgota como un incompetente perdedor para el mundo impío. Todos se burlaban de él y meneaban su cabeza diciendo toda clase de improperios. No obstante, el venció en la Cruz ¡Aleluya! ¿Como podríamos olvidar el testimonio de nuestro Señor Jesucristo y traicionarlo cual vil Judas, prefiriendo el piropo de los hombres y menospreciando el vituperio de Cristo?

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” Gálatas 1:10

6. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” Mateo 7:21-23

Esta es una de las palabras más solemnes que se registran en la constante del discurso del Señor Jesucristo. Muchos hablan del Señor y presentan sus religiones como fieles servidoras del él, sin embargo, estos serán evaluados conforme a la infalible Palabra de Dios. Nadie con el solo decir “señor” será garante de ser portador de la verdad, y aún más, aunque se muestren obras, supuestas profecías, liberaciones o milagros, es la credencial de un verdadero hijo de Dios.

En la actualidad, una gran mayoría de evangélicos avalan y sostienen que las credenciales de una iglesia verdadera, son las señales y prodigios que de alguna manera son manifestados en medio de sus cultos. La advertencia del Señor reviste una extremada solemnidad: “Nunca os conocí”. Es menester tener la convicción de que somos conocidos por él, en lugar de arrogarse ser conocedores del Señor.

En la actualidad existe una gran cantidad de milagreros, profetas y exorcistas que acarrean multitudes anhelantes de sesiones espectaculares e impresionantes. Iglesias que reúnen a miles de miembros en torno a espectáculos y no en torno al estudio de la Palabra de Dios. En la actualidad, la Biblia es solo el pretexto que le da un betún evangélico a la reunión, porque al final para ellos, la “mucha letra mata”.

7. “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” Mateo 11:25-26

Este texto me hace pensar respecto a la reacción que puede haber causado en la gente “sabia y entendida” de la época. Ese grupo de personas altivas que creen saber todas las cosas y que miran a los demás a través del hombro, no resiste que alguien les enseñe ni menos que se les diga que están equivocados.

Las fuertes palabras de Jesús, jamás dejaron de producir efectos. La revelación de Dios se dispensa soberanamente y en esa decisión se han excluido los “sabios” de este siglo. ¿Quién podría hablar de estas palabras desde el púlpito si ahora lo único que se busca es que la gente no se vaya y que nadie se sienta ofendido? Nadie quiere pagar el precio de la verdad y todos buscan la aprobación a cualquier precio.

El sermón debe ser mesurado y con una tijera mágica se debe cortar todos los textos en donde aparece el Jesús demandante, el Jesús lacerante y crudo, cuya palabra es como martillo que quebranta la piedra y como espada que penetra hasta partir el alma. Son los tiempos de la miel y de la levadura muy apetecida por las mayorías.

Vía. La apostasía final.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: